lunes, 13 de febrero de 2017

LAS MIL Y UNA NOCHES

RESUMEN 
LAS MIL Y UNA NOCHES

Es la historia de la osada Scherezada y el Sultán Schariar, quien después de haber sido traicionado por su esposa y siendo testigo de varias infidelidades por parte de las mujeres, decreta que todos los días al atardecer se casara con una mujer diferente la cual será ejecutada la mañana siguiente. Scherezada está dispuesta a llevar a cabo un arriesgado, pero bien elaborado plan para terminar de una vez con tal barbaridad.
Todo comienza con un poderoso monarca de la antigua Persia quien tenía dos hijos: Schariar el mayor y Schazenan el menor. Tras la muerte del monarca Schariar sube al trono y su hermano menor quedo reducido a ciudadano. Schazenan no sintió envidia de su hermano, ya que se querían mucho. Esta actitud sirvió para que Schariar cediera el reino de Gran Tartaria a su hermano.
Después de transcurridos dos años, Schariar invita a su hermano a que le haga una visita. La noche antes que Schazenan partiera rumbo al imperio de su hermano; se da cuenta que su mujer le es infiel con un oficial de su ejército, no puede controlarse y mata a los dos en acto. 
Cuando Schariar recibe a su hermano se llena de alegría y comparten mucho tiempo juntos hablando de todo lo que ha pasado mientras estaban lejos, pero Schazenan todavía está mal por la traición de su esposa.
Schazenan descubre que la esposa de Schariar también es infiel y se lo cuenta a su hermano, que no lo puede creer hasta que lo ve con sus propios ojos; el sultán decide irse de su reino junto a su hermano hasta que encuentren una persona más desdichada que ellos, el cual no tardan mucho para encontrar y se trata de un genio maléfico que tiene una bellísima mujer; encerrada en una caja de cristal la mujer se las arregla para traicionar de forma vil al genio, que no tiene idea que ella lo a traicionado 100 veces; cada vez con un hombre diferente.
Habiendo encontrado al ser mas desdichado que ellos; Schariar y Schazenan regresan al palacio. En palacio el sultán llega a la habitación de su esposa y ordena al visir que la estrangule en su presencia. Convencido que no existe mujer que sea fiel, decide casarse todos los días por la tarde y matar la mujer al día siguiente.
El visir es el encargado de traer a las mujeres para desposar al sultán; también es padre de dos hermosas mujeres: Scherezada y Diznarda.
Scherezada es la hija mas amada por el visir por ser muy inteligente y culta, pero un día Scherezada pide a su padre la case con el sultán, ya que tiene un plan con el cual cree que puede acabar con todas sus barbaridades; el visir trata de convencerla que no lo haga contándole varios cuentos:


El asno, el buey y el labrador


Se trata de un labrador que tiene el don de entender lo que los animales dicen. Cierto día el labrador escucho al buey quejarse del asno que al parecer no hacia nada y no recibía ningún castigo, en cambio el trabajaba desde la noche hasta mas no poder y aun así recibía tremendo castigo; a lo que el asno le recomendó que no hiciera nada y que así lo tratarían mejor. El buey siguió la recomendación del asno y se rehusó a trabajar, el labrador en forma de castigo puso al asno a hacer el trabajo del buey; al haber terminado el asno decía que él era el único culpable de su desgracia por imprudente y que ahora debía inventase algo para salir de tal problema. 
Al llegar a este punto el visir le dice a su hija: ¿Quieres ser tratada como el asno?, pero la actitud de Scherezada era inquebrantable y su disposición de llevar a cabo su plan era la misma. Como Scherezada no cambio de opinión el visir menciona otro cuento y afirma que eso debería hacer con su hija:


El gallo, el perro y la mujer del labrador 

Después que el asno recibiera su castigo el labrador visito junto con su mujer a los animales y escucho como el asno convencía al buey de volver a trabajar y le causo mucha risa como el asno se las arreglo para salir de su apuro; la mujer extrañada de la risa de su marido reclamo le dijese ¿por qué? lo hacía. El labrador negó decir palabra alguna sobre lo que había escuchado porque perdería su vida al hacerlo, la mujer amenazo con dejarlo si no le contaba y se encerró en un cuarto. Mientras el labrador estaba pensando cómo arreglar tal problema; escucho al perro decir al gallo que cantara porque su amo estaba triste, a lo que el gallo respondió: que el amo le de una buena lección a su mujer y así arreglara todo este lío; el labrador fue al cuarto de su esposa y le dio tremenda paliza hasta que la mujer replico que nunca más haría la pregunta nuevamente.
El visir le pregunto a su hija otra vez si quería que trataran de esa forma, pero Scherezada estaba decidida y no cambio de opinión. Así que el visir fue ante el sultán y le ofreció su hija, y este no rechazo la oferta, sin embargo Scherezada le pide a su hermana que le ayude con su plan, el cual hará de la siguiente manera: cada vez que amaneciera ella le contaría un cuento a su hermana cuidándose de dejarlo inconcluso; así, pediría permiso al rey para continuarlo en la siguiente noche. Repetiría esta clase de suerte continuamente para ganar tiempo.


La primera noche que estuvo con el sultán le contó la historia de:



Simbad el marino

Relata sobre un mandadero llamado Himbad que cierta ocasión se encontró a las puertas del palacio de Simbad el marino, con quien hizo una auto comparación y replico su miseria ante las riquezas de Simbad. Este escucho las quejas de Himbad y no dudo en invitarlo a pasar para contarle que todo lo que tiene no lo obtuvo fácilmente, sino en las tantas peligrosas aventuras que había pasado durante sus siete viajes. Simbad le contó todas sus aventuras durante varios días y cada vez que terminaba de contarle una le regalaba una cantidad de dinero.

Historia del durmiente despierto

Trata sobre Abou que obtiene dinero de herencia que su padre le dejo a la hora de muerte, con el cual se dedica a mal gastarlo en cosas innecesarias y las personas que estaban a lado de él cuando tenía dinero ahora lo menosprecian.
La suerte le cambia cuando el gobernador de esas tierras donde vive le brinda su ayuda y hasta lo reconoce como su hermano. Abou de nuevo derrocha todo el dinero que el gobernador le había regalado, pero se las ingenia para hacer una trampa en compañía de su esposa para que el gobernador le dé más dinero. Para sorpresa de Abou el gobernador descubre su trampa, pero aun así no se molesta sino que le regala mucho más dinero que antes.
Scherezada también le contó sobre Aladino y su lámpara maravillosa y al final del cuento dijo al sultán: la moral de este cuento no habrá escapado al ingenio de vuestra majestad. Con esto se refería al sultán como una persona muy inteligente, quien le pidió le siguiera contando historias maravillosas.
Animada Scherezada, continuo contando historias al sultán: Ali baba y los cuarenta ladrones, El pájaro que habla, el árbol que canta y el agua de oro, El mercader de Bagdad, y la historia de Hassan.



Pasaron mil y una noches en las cuales Scherezada sirvió como esposa y esclava, contándole historias divertidas y maravillosas al sultán. Después de todo este tiempo el sultán decidió perdonar la vida a Scherezada, y terminar con la antigua ley de ejecución de las sultanas que había decretado.




CONCLUSIÓN




Según el cuento, Scherezada en ningún momento se retracto de seguir con su plan, el cual estaba bien elaborado para hacer que el sultán olvidara todo su odio hacia las mujeres, mostrándole las mejores cualidades y belleza interior de las mujeres. Al final Scherezada consigue liberar a su pueblo de una terrible barbaridad a la que estaban sometidas las mujeres que se casaban con el sultán, también logra que el nombre del sultán vuelva a ser alabado como el soberano sabio, prudente y generoso.
Esta historia nos enseña que existen muchas personas que cometen errores, los cuales producen mucho dolor a los demás, pero que al final también se convierten en su perdición, sino recapacitan o cambian de parecer a tiempo.
También se observa que no se debe generalizar en la mayoría de los casos, ya que hay personas diferentes en su manera de actuar y de pensar. Cuando una persona está empeñada en actuar de forma irracional, tiene la opción de poder cambiar de parecer, siempre y cuando haya alguien que esté dispuesto a ayudarle.

jueves, 9 de febrero de 2017

yo no confieso a losCerca de la Iglesia de San Francisco en Morelia, Michoacán, había una casa en donde espantaban, situada en un callejón. Un comerciante en paños, sedas y mantones, después de mucho viajar por las ciudades de la Nueva España, decidió asentarse y vivir en Valladolid, con el fin de contraer matrimonio con una bella y rica joven, para luego regresar a natal Santander, España. En su tienda conoció a doña Inés de  la Cuenca y Fragua, una hermosa y caritativa huérfana y heredera de una de las haciendas más ricas de Tierra Caliente. Cautivado por sus perfecciones, don Diego Pérez de Estrada la enamoró. Inés lo amaba sinceramente, pero Diego no, a él lo movía el interés más mezquino.
Don Diego era parrandero y muy mujeriego, vestía con elegancia y lucía costosas joyas. En confianza era muy mal hablado, pero solía mostrar una imagen muy diferente ante las personas que no eran sus amigotes.
Un día, don Diego le pidió a la joven matrimonio; antes de resolverle Inés acudió a su confesor fray Pedro de la Cuesta, a fin de consultarle la conveniencia de tal casorio. Fray Pedro, que era un hombre muy virtuoso y bondadoso, decidió informarse de la clase de individuo que era el tal Diego Pérez. Así supo que pertenecía a una buena familia de Santander, pero que era la oveja negra de la familia y que había llegado a la Nueva España con parte de la herencia que le correspondía. Cuando la herencia se terminó porque Diego la derrochó en sus continuas juergas, se puso a vender telas y mantones de Manila, hasta que llegó a Valladolid.
Fray Pedro se enteró de la mala catadura de don Diego y de que además se jactaba de que nunca sentía amor por ninguna mujer a causa de haber llevado una vida tan disipada. El fraile aconsejó a la bella Inés que no se casase, y la niña le obedeció y rechazó al supuesto enamorado.

Al verse rechazado, colérico y despiadado, juró vengarse de fray Pedro. Vendió su tienda y se fue a vivir a un cuarto sito en una callejuela por el lado norte del cementerio de San Francisco, junto con un empleado suyo. Una cierta noche en que una terrible tormenta asolaba la ciudad, un embozado llegó hasta la portería del convento, tocó la puerta y le abrió un encapuchado portero. El embozado hombre se dirigió a él con estas palabras: -¡Hermano portero, cerca de aquí un pobre hombre que agoniza desea ser confesado por fray Pedro de la Cuesta!
Fray Pedro y el embozado caminaron hasta el cuartucho que alumbraba una débil vela, el cura se acercó al lecho de muerte, pero al dirigirse a él, el supuesto moribundo, que no era otro que don Diego, no respondía. El padre, desesperado, le gritaba, y cuando lo destapó le encontró muerto de una puñalada hecha con la misma daga con la que pensaba matar al podre fray. Al verlo, fray Diego se alejó del muerto al tiempo que exclamaba: -¡Yo confieso a los vivos, pero nunca a los muertos! Y salió corriendo.
Al día siguiente el hecho era conocido por toda Valladolid… y desde ese momento la callejuela recibió el nombre de El Callejón del Muerto.
Sonia Iglesias y Cabrera



miércoles, 8 de febrero de 2017

CALAVERITAS DE AZUCAR
AUTOR: RICARDO RINCON AUROTA

Mis cuatro abuelos están sepultados en el mismo cementerio. Para ser más preciso, en la misma fosa, uno sobre otro. Es por eso que en Día de Muertos tenemos una gran reunión familiar para visitar la tumba de nuestros ancestros, pero también aprovechamos el encuentro para realizar actividades recreativas.
Coincidió que en noviembre del año pasado, recibí la sugerencia de un amigo para ir en esas fechas a una vieja hacienda en Morelos que hoy es hotel. Él era el gerente y me aseguró que toda mi familia la pasaría muy bien ya que la diversión, el descanso y la buena comida de la región estaban garantizados.

Llegamos por la tarde-noche a la extensa propiedad que tenía albercas, áreas de juego y jardines que, extrañamente, lucían desiertos. Ningún empleado salía a nuestro encuentro hasta que se apareció una mujer ya mayor que nos dio la bienvenida. Se identificó como el ama de llaves y sonriente nos dijo que las instalaciones serían para nuestro uso exclusivo debido a que no había más huéspedes.

De inmediato nos instaló en nuestras habitaciones, las cuales quedaban dentro de lo que fue la casa grande de la Hacienda de Beltrán. Más tarde, la señora tocó puerta por puerta para avisar que la cena estaba servida, por lo que nos dimos cita en el rústico comedor, donde saboreamos una rica cecina fresca de Yecapixtla y tlacoyos rellenos de frijol. 

Después de la cena, la señora nos invitó a salir al jardín para prender una fogata y cuando todos estuvimos en torno a la pira, les relaté la historia de las viejas haciendas porfirianas de Morelos, muchas de ellas, como en la que estábamos, se especializaban en la producción de azúcar.

Justo cuando les comentaba que en el Estado hubo cerca de 40 haciendas azucareras, repentinamente se escuchó la voz de un anciano decir: “37 para ser exactos”. Sorprendidos, todos volteamos hacia el lugar de donde provino la voz y vimos a un hombre envuelto en un sarape, agachado, cortando el pasto con unas tijeras. Se incorporó y nos dijo: “Buenas noches, soy Jerónimo, el jardinero, pero todos me llaman Don Jero. 
El hombre se acercó a la luz de la fogata y pudimos observar lo ajado de su rostro y lo famélico de su cuerpo. Dijo entonces: “Sí señores había 37 haciendas que estaban en manos de 18 familias muy ricas”. 

Como si estuviéramos todos bajo un transe hipnótico, escuchábamos al anciano que continuó: “el azúcar y sus derivados, como el alcohol de caña y el aguardiente, eran productos muy rentables. Pero todo ese progreso -dijo con lamentación- se acabó cuando los revoltosos derrocaron en 1910 a Don Porfirio”.

Su relato fue interrumpido cuando se abrió el portón principal y vimos las luces de un auto. Era mi amigo que iba a supervisar nuestra estancia. Me adelanté para saludarlo y a comentarle sobre el misterioso jardinero que, cuando volteamos hacia la fogata, había desaparecido. 

El rostro de mi amigo se descompuso y dijo: “volvió a hacerlo”. Ante mi sorpresa, confesó: “aquí no hay jardinero, se trata de un aparecido, Don Jerónimo Beltrán, el dueño de la Hacienda, que murió violentamente un siglo antes, junto con su esposa, por defender la propiedad de las fuerzas zapatistas”. 

Con lujo de detalle, me relató el funesto desenlace de Don Jero, pero me pidió no contar nada pues necesitaba el trabajo y las apariciones estaban ahuyentando a los vacacionistas y al personal del hotel.

Regresé sobresaltado a mi habitación, hilvanando los extraños sucesos acaecidos desde nuestra llegada; pero también con la disyuntiva de contar la inverosímil historia a mi familia o guardar silencio con la expectativa de que no siguieran ocurriendo más hechos sobrenaturales.

A duras penas concilié el sueño, pero de madrugada, me despertó un ruido. Me asomé por la ventana y en la penumbra de la noche vi a Don Jero, de espaldas, que barría la hojarasca del jardín; en ese momento giró, lentamente comenzó a avanzar hacia mí y a medida que se acercaba podía distinguir su rostro desfigurado y sangrante que terminó azotando en el cristal para decirme: “lárguense de aquí”. De golpe cerré las cortinas y, aterrado, comprendí que teníamos que salir cuanto antes de ese lugar.

Sin embargo, me sorprendió el amanecer buscando la manera de cómo convencer a mis familiares de irnos sin mencionarles lo ocurrido. Me hice el firme propósito de que nunca sabrían que el jardinero era un fantasma y que se me había aparecido de madrugada; pero por sobre todas las cosas, jamás se enterarían de que, la noche anterior, una muerta nos había servido la cena.